viernes, 26 de abril de 2013

Alice y Man, 3.0

Decíamos ayer...

Hace ya uno cuantos meses que dejamos de escribir en el blog por diferentes motivos. Desde luego no han sido falta de ganas, ni de sexo, sino más bien porque no hemos encontrado el momento para volver a estos lugares. Aunque mirándolo por el lado positivo, traemos muchas experiencias que contar.

Hemos querido volver con algo especial y totalmente nuevo para nosotros, algo con lo que hemos fantaseado mucho durante meses y que ahora está más cerca de conseguirse que nunca. Vamos, que ayer abrimos boca para experiencias mucho más intensas.

Todo empezó hace muchos meses. Estábamos en la cama, tocándonos y fantaseando cuando, de repente, Man me preguntó que si me gustaría hacer un trío. Yo siempre había tenido esa fantasía en mente pero nunca había podido llegar a realizarla: compartir a mi pareja era algo que no entraba dentro de los esquemas de mis otras relaciones. Pero Man... Man es muy diferente al resto.

En un principio me mostré reticente a hacerlo con otra chica, pero con el paso del tiempo me di cuenta que realmente me atraía mucho más la idea de que fuera con una chica que con un chico. También inflluye que en la proporción de hombres y mujeres que me excitan las mujeres ganan por goleada. Quién nos iba a decir que después de tanto hablarlo, follar pensando en ello y en quién sería la candidata, encontraríamos muy cerca la oportunidad de "jugar" con esa posibilidad.

Hace dos días quedamos con Prin. Prin es mi hermana gemela. Prin y Alice fueron separadas al nacer. Nos conocimos en mi ciudad de origen hace muchos años y desde siempre hemos tenido una conexión extraña a la vez que fuerte. Aparte de tener los mismos gustos para los hombres, nos dimos cuenta que podíamos leernos la mente, y pensar igual. Nos volvimos locas a la misma vez e hicimos las mismas locuras casi a la vez. De hecho, ella fue mi primera experiencia lésbica —nos gustan los penes, no tenemos remedio, pero juntas nos lo pasamos muy bien—.

Prin es una chica de piel tostada, morena, algo más alta que yo, así que nos encontramos todo a la misma altura, y siempre huele bien, da igual el momento o lo que haga. Su cuerpo es de los que no puedes dejar de mirar; tiene unas piernas torneadas que acaban en un culo respingón, firme, ni pequeño ni grande, definido. Siempre la miro sin parar, su cuerpo me atrae sólo con tenerla cerca. Respecto a sus pechos, no puedo ser objetiva, son pequeños, pero tengo debilidad por los pechos pequeños, al igual que ellos los tiene por los pechos grandes, y por los míos en especial.

Man, Prin y yo quedamos en un bar del centro para tomar unas cervezas y poco más. Hacía meses que no la veía y Man era la segunda vez que la veía en su vida, algo que fue totalmente secundario en cuanto empezamos a hablar de mil cosas, de viajes, de experiencias, de la vida... Poco a poco nos fuimos adentrando cada vez más en la noche. Cambiamos a otros sitios de la ciudad para seguir tomando cervezas y hablando, sin darnos cuenta nos dieron algo más de las dos. Las dos es una hora mágica a mi parecer, es la hora en la que hablar de sexo empieza a ser el único punto de interés y de conversación de la noche. Estábamos hablando de sexo, de cibersexo, de prácticas que nos gustaban... Ahí fue donde empezó nuestro juego de esa noche. Poco después nos echaron del último bar y nos dirigimos hacia un club del centro. La música acompañaba la situación, hizo que nos mitiéramos un fiestón de los que no se dan todos los días. El funk, las ganas de bailar y la cerveza se confabularon en nuestra contra, y en qué momento.

Man creo que no se había visto en una de estas nunca. Dos chicas, muy amigas con ganas fiesta y de pasarlo bien. Mientras bailábamos y hablábamos, la conversación se centró en torno a mis pechos. Prin decía que eran las mejores del mundo, Man estaba de acuerdo con ello. Yo estaba allí en medio mientras mi temperatura corporal se disparaba por momentos. Prin se recreaba en mis pechos. Los tocaba, me abrazaba y se echaba en ellos, metía su boca en mi escote. Man cada vez pensaba mejor de nosotras. Cada vez que ella hacía algo así yo le miraba, él me sonreía, nos seguía el juego. Man venía hacia nosotras, me tocaba los pechos y le daba la razón a Prin, luego, ambos me volvían a rozar sin parar. 

Había momentos en los que me ahogaba de la excitación, los labios me latían con fuerza de la sangre que ya albergaban en ese momento. Entre cerveza y cerveza empezamos a acercarnos más aún, entonces invité a Prin a que le tocase el culo a Man, sólo por curiosidad. Ella quedó encantada, le agarró fuerte y siguió hablando sobre la suerte que tenía de estar con alguien así, seguro que no me defraudaba... Seguimos tonteando un rato más, bailábamos mientras me rozaban una y otra vez los pechos, buscaban mil y una excusas para hacerlo. Yo estaba encantada. Mi pareja y ella, a quien tenía ganas desde que decidimos que ella fuera nuestra tercera en discordia concordia. Me escapaba de vez en cuando al servicio para calmarme un poco, necesitaba respirar; pero cuando no estaba con ellos, deseaba con todas mis fuerzas volver y encontrármelos juntos, intimando algo más, hacerme la sorprendida y sentarme a acompañarles en esos juegos.

Al poco tiempo del último viaje al cuarto de baño, nos sentamos los tres y, tras varios cambios de posición, Man acabó en el medio. Poco a poco, aunque la conversacion se calmó durante un rato finalmente la atención volvió a mis pechos y yo me lancé. Man estaba intrigadísimo con nuestros juegos y atento a todo lo que pasase. Prin habló sobre nuestras experiencias lésbicas cuando éramos algo más jóvenes y le insinué que en todo ese tiempo, no me había sobado tanto como esa noche. Entonces ella se lanzó a mi boca sin pensárselo. Man se hacía el sorprendido, pero yo sabía, y ella sabía que esto tenía que llegar a pasar. "¿Qué es esto?" —dijo Man sonriéndonos. Le dijimos que eso era lo que hacíamos cuando salíamos juntas.

Sugerí entonces que le diésemos algo a él, Prin se lanzó a su boca y comenzó a comérselo mientras yo tocaba los pechos de Prin y le comía el cuello a Man con una ganas impresionantes. Cada poco tiempo nos intercambiámos de pareja sin dejar de besarnos. Man le comía la boca a Prin de una manera que ella se excitaba cada vez más. Mientras nosotras nos besábamos, Man aprovechaba para magrearnos bien el culo a las dos. Nosotras, muy receptivas, le ayudábamos moviéndonos con sus manos. Prin llevó su mano a su entrepierna y cogió con fuerza la polla de Man. La vi morderse el labio justo antes de lanzarse a moder los labios de Man sin miramientos, para poco después darnos largos besos los tres a la vez. Las manos de Prin y las mías se encontraron en la polla de Man, queríamos hacerle de todo. Yo me centraba otra vez en sus tetas, también en su culo. Prin tiene un culo digno de morder a todas horas y no parar de  hacerlo. Mi calentón iba en un aumento y lo mismo que el de Man. Yo lo notaba, notaba su polla cada vez más hinchada, con más ganas de reventar los pantalones y con más ganas que nunca de penetrarnos a las dos sin parar. Las manos de Prin y mías se encontraban en el miembro de Man una vez más, las dos lo agarrábamos con fuerza, queríamos masturbarle y que se derritiera en nuestras manos, entre nosotras.

Cada vez que miraba a Man cómo besaba a Prin sabía perfectamente qué se imaginaba con nosotras, quería tener dos lenguas para él solito, obligarnos a hacer lo que él dijera y darle placer... nosotras no íbamos a desobedecerle. Mi cabeza comenzaba a estar cada vez más caliente, y maldije estar en un bar, pues tenía unas ganas enormes de comerle los pechos a Prin de todas las formas posibles, me encantaban que fueran pequeños y tersos, me volvía loca pensar en los pezones que tenía mojados con mi saliva, duros como piedras dentro de mi boca.

Quería comerme a los dos sin parar, era ansia viva por no separarme de ellos. Desgraciadamente, la oscuridad del bar acabó, y con ello nuestra poca intimidad. Aún mareados después de lo que había pasado nos levantamos y cogimos nuestras cosas. Yo quería seguir, quería tenerla desnuda cerca de mí, mientras Man nos miraba absorto ante semejante imagen de placer. Cuando salimos del bar, sabíamos que esa noche no daríamos ese paso que tanto estábamos esperando. De todos modos fue tan emocionante y excitante compartir esta experiencia con Prin que estamos seguros que esto no ha hecho más que empezar. Le di un beso cariñoso para despedirme de ella y Man la abrazó. Nosotros nos volvimos a casa, donde follamos salvajemente, repitiendo ambos el nombre de Prin, con ganas de que estuviera allí y compartir con ella semejante descarga sexual. Quería compartir a Man con ella, quería oírla gemir a mi lado y que me dijera los mismos comentarios subidos de tono que conocía de ella.

Man: «¿Sabes lo que le haría si ahora estuviera aquí?»
Alice: «Puedo imaginarme que todo menos dejarla en paz...»
Man: «La obligaría a que se pusiera entre tus piernas y la penetraría, agarrándole fuerte las caderas. Te gustaría verme follándome a tu amiga ¿verdad?»
Alice: «Te vamos a follar las dos cuando menos te lo esperes...»

Cada vez que recuerdo ese día, me excito tanto que no puedo dejar de pensarlo... Tengo unas ganas horribles de mojarla entera... Y Man... Man quiere Alice y Prin más de una vez.

A pesar de que la noche pudo haber acabado mejor, no estuvo nada, pero que nada, mal...
 

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